Paranoid Park

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , , , Publicado por Horacio Gris

Este fin de semana vi Paranoid Park, de Gus Van Sant. Como en cualquier crítica cinematográfica, podría empezar diciendo «la película narra la historia de...» -en este caso- Alex, un skater de 16 años sin grandes emociones en su vida hasta el momento en que se ve involucrado en la muerte de un guardia de seguridad en las cercanías de Paranoid Park, lugar en donde él practica skateboard junto a muchos otros adolescentes. Pero sucede que no podría usar de forma textual esa muletilla porque la historia de Alex es mas bien la historia de los suceso que los rodean, donde él es casi tan espectador como nosotros.
Si bien el director ya se interesó por la problemática adolescente, esta película nos muestra un conflicto que jamás tensa la trama lo suficiente como para que esta gire en torno a aquel. La cámara busca seguirle el ritmo a la laxitud con tomas en slow motion de las caras de los personajes y con escenas donde lo único que persiste es el tiempo mismo de su duración. Esto no pretende ser una crítica en su acepción negativa, ni intento disuadir de alquilarla: Gus Van Sant sabe qué es un adolescente y la propia problemática de éstos condiciona la forma en que todo sucede.
«Adolescentes eran los de antes», podría decir un viejo para el cual todo tiempo pasado fue mejor. Y es entendible la afirmación cuando la problemática empieza a desaparecer, a escaparse entre las manos con la liquidez de nuestra era. El punk y resabios de su estética están en la película, de la misma forma que algo del padre siempre se aprecia en el hijo; su problemática misma todavía se adivina, pero cualquier problema deja de ser tal sin alguien que se angustie: en Paranoid Park nada angustia lo suficiente, ni siquiera las problemáticas típicas que podríamos suponer en un adolescente referidas a familia o sexo. Alex es realmente nieto de la Modernidad, de una modernidad que jugó con las cartas de la razón y perdió todo en guerras que hirvieron hasta la ebullición en forma de hongo atómico. Porque después de eso enterramos al abuelo en frío, debajo del muro caído, justo antes de que nos presentara a su hijo Punk, quien con cresta y cadenas iba a renegar violentamente de todo hasta ser tocado por un ángel New Age que nos trajera la buena nueva: nada va a durar demasiado ni a ser tan importante. Alex es hijo de este punk cuarentón, que podemos ver con su estilo californiano en una escena de la película. Celebro la capacidad del director para introducir a este personaje como padre del skater; los tatuajes ya deberían tener hijos quinceañeros en Hollywood desde hace rato. Entonces, decía, el ángel new age nos trajo a Alex, quien tiene un amigo como él, y por ese motivo el vínculo no es muy estrecho. De la misma forma que tampoco es clara ni intensa la relación con su novia Jennifer -una cheerleader que daría arcadas a cualquier punk-, ni su mamá tiene suficiente peso como para que podamos conocerle detenidamente la cara ni para que juzgue las mentiras de su hijo. El mundo de Alex flota etéreo, se mueve, de la misma forma que él se limita a contemplarlo; sin mucha emoción.
Esta falta de emoción o sobra de apatía no habla de un sujeto disminuido en su capacidad para sentir. Mas bien habla de algo que no deviene, algo que falta. El vacío con que Alex mira la nada mientras tiene sexo o la tranquilidad con que miente a su madre sin importarle elaborar lo suficiente una mentira, habla de algo que no está allí donde debería. El discurso del sujeto de la razón, del protagonista cinematográfico, del relato, de lo que sea, nos deja un nieto que ni siquiera va a renegar como su padre, y va a buscar un camino sin demasiado esmero, dejándose llevar cuesta abajo sobre el skate. Por este mismo motivo la película jamás podría desarrollarse sobre un eje policial o jurídico: para la justicia la muerte es un hecho que acarrea responsabilidad, la responsabilidad es asunto de los responsables, los responsables son aquellos que pueden dar cuenta de sí y de sus actos, y aceptar esto es algo que queda del lado del discurso de la razón, que yace debajo de los escombros del muro. Alex se desplaza por la película abarcando en plano panorámico todo lo que lo rodea, como un punto de referencia entre otros personajes y situaciones. Su presencia física es lo que permite que la película pueda ser considerada «sobre un adolescente de 16 años» pero la subjetividad es lo que en algún punto de la historia cultural de occidente se perdió, sea en una trifulca punk con la policía, en alguna colchoneta de yoga, en una nube new age o en la half-pipe de un X Game que ya ni siquiera nos emociona.



Apuntes sueltos sobre Psicología Política 4º Parte

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , Publicado por Horacio Gris
Lo último: por dónde empezar

Hoy me vi discutiendo sobre, precisamente, las discusiones. El principal problema al discutir surge de creer que lo que sale de la boca del otro son argumentos, cosas que se cierran sobre sí mismas (que llevan un sentido en ellas mismas) y que pueden o no articularse con otros argumentos que son piezas en el ajedrez retórico. Por ejemplo, si en una charla surge la cuestión del PBI y alguien tira una cifra y cita una fuente el otro deberá intentar rebatir o superar ese argumento con otro y así. Jamás se cuestiona por qué alguien usa el argumento que usa ni cuándo lo usa ni por qué no usa otro en particular. Lo mismo con la data sobre inseguridad, pobreza, etc. El problema es pensar que se puede convencer a alguien con material “objetivo”. Esto lo hacemos porque suponemos que: a) lo que se pone en juego siempre es material objetivo, b) que el otro también modificará su postura “objetivamente” ante la “evidente evidencia” que nuestros argumentos arrojen porque c) creemos que la falta de consenso sobre un tema se debe sólo a que el otro no conoce lo que nosotros sí. Es curioso que en el día a día nos valgamos de cierto método científico para tratar con el interlocutor, como si este método facilitara el cambio de posicionamiento político. Creemos que para tener una postura, tanto nosotros como cualquier otro somete la realidad a distintos análisis -¿quién termina sometido?-, a la sumatoria de observaciones, a la comparación "neutra" de todo lo que nos rodea. Lo cierto es que no hay nada casual en que alguien se vea afectado, conmovido, movilizado o lo que sea por una temática en particular. Que alguien hable y cite cifras del PBI habla de esa persona, porque tranquilamente podría argumentar sobre Ecología o política de DDHH o cualquier tópico. Cada tópico, cada argumento elegido, es síntoma de uno; considerando al síntoma como manifestación. Que alguien hable de la suba o baja de impuestos para intentar persuadir a quien sea de lo malo o bueno de un gobierno también indica que para ese primero los impuestos en sí tiene suficiente peso como para ser decisorios de un calificativo.
Con mucha soltura podemos, entre quienes consideremos pares, usar argumentos foucaultianos, bourdeauleanos (?), gramscianos, etc porque ahí sí se efectúa cierta dialéctica que permite un cambio de posicionamiento. Pero el cambio se produce porque desde el vamos hay cierta cercanía que propicia y hace posible el movimiento. La cercanía es la de los supuestos básicos que conforman la realidad del hoy por hoy y la realidad pretendida: partimos de la base de que creemos que la Democracia sirve, que no deberían morir chicos de hambre, cosas así. Pero una cosa es el claustro académico y todo lo que ese contexto posibilite, como los interlocutores que allí encontremos para “debatir”, y otra cosa distinta será la vieja de mierda del quinto piso. Cuando la vieja chota nos increpa en el ascensor y nos transmite el parte diario de bajas ciudadanas en manos de negros de mierda con una memoria prodigiosa para el morbo que parece desafiar cualquier Alzheimer, uno sabe que tiene que hacer a un lado todos los libritos, esquemas teóricos, citas de autores y otras armas de nuestra batería argumental y, en caso de que contemos con muchas ganas y aguante estomacal, empezar la hercúlea tarea de aleccionamiento o, en el peor de los casos, de distanciamiento ideológico para que la buena anciana sepa que nosotros no opinamos que hay que matarlos a todos ni deseamos prender fuego nada.  La sarmientina tarea consistirá entonces en educar al soberano…al soberano hijo de puta. Entonces hacemos a un lado los nombres y con la mayor de las simplezas, pero siempre encarnando el mismísimo Saber, nos paramos frente al problema que, en este caso puntual, podemos calificar como El problema de la inseguridad.


Como somos metódicos iremos de lleno a las Causas. Y aquí ya nos encontramos siendo doblemente ingenuos: por un lado usamos el método científico que, creemos, nos ayudará a consolidar nuestra posición y hacerla prevalecer como La Verdad; y por el otro nos valemos de una premisa pedagógica o social -que antecede al método- según la cual hablando la gente se entiende o, dicho de otra forma, las personas son permeables a las palabras. Escribo esto y no puedo dejar de lado el gastado refrán en casa de herrero, cuchillo de palo o -dicho ahora desde adentro del claustro- en casa de propietario de biblioteca con autores de ruptura, la retórica cotidiana será acartonadamente Moderna. Entonces, decía, enfrentamos nuestras “causas” (Las causas) contra la Doxa del quinto piso. Obvio que seleccionamos las primeras cosas que nos vienen a nuestra afilada mente porque si no tendríamos que estar hasta las 10 de la noche y así nos perderíamos algún programa de Canal á:


Desde nuestra enarbolada Episteme nos privamos de hacer floreos discursivos para no convertir en apabullante nuestra plétora exposición, y aquí interpelamos a nuestra buena vecina a que nos diga -una vez disparada nuestra intachable exposición- cuál le parece que será la Solución a este problema:


Como vemos, nuestra labia resbala sobre la superficie de la señora porque lleva puesto un pilotín discursivo hecho con retazos de una emocionalidad que le nace por debajo de la piel anclándose en los huesos, realmente constitutiva. Va más allá del discurso que venden los medios, va más allá de lo que sepa “objetivamente” sobre la pobreza y marginalidad, va más allá de la conciencia. Pero cuidado, que cuando en primera instancia uno busca echar culpas a, por ejemplo los multimedios, repite el mismo esquema que la señora en cuestión al hablar de los negros de mierda,  La angustia busca ser expulsada y queremos depositarla a toda costa en algún lado. Este es un mecanismo psíquico normal.
El no tan cauto educador antifacista pareciera no percibir que, como primero, tiene que haber una disposición para que ese síntoma sea ese y no otro. De la misma forma y por el mismo motivo él deposita la culpa en corporaciones, políticas neoliberales y políticos corruptos antes que en el pobre. Los dos están supeditados a lo mismo (algo emocional, no-racional) pero la forma que ello toma es distinta, y el desarrollo al que ello lleve también será distinto. Para entender la etiología de un argumento político hay que hacer un recorrido similar al que se haría en la clínica. Acá nos metemos con cuestiones que no siempre saldrán a la luz en las discusiones y por ello mismo no siempre será pertinente meter bocado ante la manifestación, ante el síntoma.
Si tras la puerta de ese quinto piso se encuentra la crianza de una familia donde el esposo fallecido de nuestra  vecina fue un militar de alto rango -al igual que el padre de ella- que crió 3 hijos, de los cuales uno fue cura, otro también hizo carrera militar y del tercero no tenemos noticias (esto también señala algo), es bastante probable que si esa misma semana el único nieto de la buena señora fue asaltado en la zona de Quilmes entonces la ecuación -para usar términos consecuentes con nuestra torpe intervención Moderna- le dé por resultado, a esta mujer, un hay que matarlos a todos.
La señora puede no saber, y no tiene por qué saber, de ciencias sociales, de derecho, de pedagogía o simplemente de causalidades pero sabe bien -conciente o inconcientemente- de su dolor. Y si bien posicionarse en el lugar del dolor no da derecho a nada, contrariamente de lo que muchos puedan creer, es un lugar tan válido como el de educador progre. El lugar gozoso de víctima que pide jus-ti-cia y hace pancartas con fotitos de la virgen María es un goce distinto al del Educador poseedor de La Verdad, pero es un goce al fin. 
¿Es nihilista entonces plantear esta incompatibilidad entre lo que pueda salir de nuestra boca y la de nuestra vecina? No, ya que de la misma forma en que persuasión y sugestión son herramientas válidas de convencimiento también lo son la empatía y la escucha. Esa es la base para cualquier cambio, siempre. No digo que tengamos que abrazar y poner nuestro hombro ante “su dolor”, tampoco digo que siempre sea posible un acuerdo -esto último dependerá del caso por caso-. Digo que tenemos que estar más despiertos: escuchemos la queja sobre la inseguridad de la misma forma que se escucha el goce en las procesiones hospitalarias que la buena señora realiza entusiastamente todos los días en su afán por tener cada vez algo más de qué quejarse, o riámonos de las elucubraciones con tintes paranoides que esta misma vieja formula sobre el nuevo vecino del cuarto piso, el que es sospechoso hasta de parecer “demasiado normal”, mientras ella nos hace saber -sin saberlo- la fascinación escópico-policial que tiene al dejar todo el día la televisión prendida con la transmisión de la cámara de seguridad de la entrada del edificio. La risa es un una buena opción, al final de cuentas la vieja busca lo contrario. Con la misma lógica, si al realizar un trámite en alguna dependencia de Nación nos atiende un administrativo maltratador que busca provocar y despliega todo su sadismo lo mejor que podemos hacer es despedirnos con un «Gracias, muy amable» sin ironía. Sorprender, descolocar, no dejarse avasallar por el síntoma del otro, saber que quien tenemos enfrente nos está hablando a nosotros a medias porque no somos los verdaderos destinatarios de esa escena y por ello no debemos hacernos cargo de ninguna angustia que allí surja, entender pero a otra escala....de eso se trata. Ponerse en ese lugar no siempre es posible, lo sé, pero es mucho más sano que trinar de bronca. A veces conviene mostrarse indistinto.
Como sea, lo importante es siempre valernos de Foucault: si vienen a cuento, usaremos sus argumentaciones teóricas. Si nos topamos con la vieja del quinto y tenemos un mal día podemos acudir a Vigilar y Castigar, recordando todas las torturas allí recopiladas y, así, alimentar nuestro sano fantaseo sádico que recaerá sobre ella y nos permitirá continuar con nuestro día.

Tanatocracia

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , Publicado por Horacio Gris
Esto es apropósito de estotro, una respuesta.Creo que para entender qué significa "Democracia" en el imaginario social argentino, hoy por hoy, hay que deshilvanar el concepto y analizar las puntas que de ello resulte. Democracia es un combo que adentro trae el concepto de "Paz" o de "Paz social", "consenso" y "diálogo" entre otros. A esto se suma una lectura individualista y, por ende, contradictoria de lo que clásicamente se entiende por Democracia.
En algún momento la democracia pudo verse emparentada con la discusión que precede la búsqueda de un consenso y al consenso mismo, la búsqueda de algún bien común que se evidencia en las sagradas urnas, e incluso -y en consecuencia- con una interpretación más o menos consensuada socialmente de la política y de la propia sociedad. Hoy por hoy el acto de votar y vivir en democracia es lo más parecido a la muerte en su vertiente tanática; o sea una dulce muerte, una muerte no-violenta. Para mí, hoy por hoy, la democracia pasó a significar la vida sin movimiento, ausente de conflictos, un día a día rutinario hasta la muerte que se renueva como elección cada cuatro años. Imagino que después del 76' se hizo difícil pensar alguna forma de desenvolvimiento democrático que implique algún tipo de cuestionamiento o de movimiento ("violencia"). Bueno, es cierto que a nivel global la cosa se fue dando en la misma dirección pero eso no contradice lo anterior.
El "consenso", el "bien común" o la "paz social" son articulables con la Democracia siempre y cuando vayan en la dirección apática de lo estático. Pareciera que hoy nadie vota para intentar estar mejor sino para no estar peor, y por eso buscan lo inmóvil, lo que asegure ir de casa al trabajo y del trabajo a casa sin cuestionar ni levantar la mirada. La lectura invididualista salta a la vista cuando algo se interpone entre la rutina y el ciudadano. Por ejemplo, el corte de calle. Que otros tengan algo que reclamar (que se muevan) es inadmisible porque en ese mismo acto interrumpen la prosecución de lo cotidiano y atacan de frente el -hoy por hoy pareciera que máximo- derecho a la libre circulación, y choca de frente la esfera de lo privado cuando el buen ciudadano elige circular y el patoteril piquetero corta los carriles y lo obliga a desviarse. Y por esto mismo es que de repente "Democracia" no significa la elección de un gobernante con su plan de gobierno: cualquier plan de gobierno estará bien mientras no se entrometa en el día a día. Cualquier plan de gobierno imaginable, haya o no sido consensuado entre el político y el votante, pareciera tener una cláusula que este último considera importantísima que reza "acepto, señor político, lo que usted vaya a hacer siempre y cuando no me rompa las pelotas y mientras, en la medidas de lo posible, me beneficie en algún punto". Por eso es que, sin pretender hacer apología del kirchnerismo, poco importa que el gobierno sea mucho o poco consecuente, lo que importa es que no sea convulsionante. Y acá es donde se mete lo de "Paz social". La paz social es la paz del cementerio, que no haya cambios, que cada uno se contente con lo que tiene y no se mueva de ahí. De cierta manera es una vuelta de tuercas al orden "natural" social. Cada uno está, socialmente, donde tiene que estar y tiene lo que tiene que tener. La única acción que se muestra por encima de esta regla de orden tanático pareciera ser la destinada a acabar con otra acción que esté por fuera de esta regla...y acá, obviamente, se articulan los discursillos caceroleros, que piden justicia por mano propia, de apoyo al campo, etc, etc, etc. Si, como sucedió con todo el período del conflicto con el campo, lo único que se buscaba es que se terminara, la vuelta a ese momento de pre-desorden, pre-movimiento, que pueda generarse por la derecha (con, por ejemplo, un golpe de estado) nunca será tan perjudical como un movimiento que se genere desde la izquierda por una cuestión lógica: el primero moviliza para luego tender a la inmovilidad y cuando es como en el 76' hablar de muerte deja de ser metáfora, es quedarse quieto o ser boleta. Moverse por izquierda, en cambio, supone un movimiento que perfora cada vez más las estructuras y su detenimiento no resulta tan predecible. El ¡hasta cuándo! de Capusotto es un ¡hasta cuándo habrá cambios rompepelotas!.

Volveremo', volveremo' / volveremos a llover

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , Publicado por Horacio Gris
Hasta el momento de la tormenta, era un patético partido más. Pero nadie puede ser indiferente ante la lluvia. Para bien o para mal, siempre indica algo. Y más si el agua cae a baldazos. Algo señala. Para bien o para mal hay algo que es inherente a esa manifestación meteorológica. Todos esperábamos la tristeza del final, con los titulares fatalistas preparados y los insultos racistas listos en todos los tonos y colores que le cabieran al gordo DT de la albiceleste. Pero apareció Palermo o, lo que es igual, el gol. Él es el gol porque se funde con el cuero de los gajos al momento de entrar la pelota al arco. O se suceden de forma lógico-causal al estilo Palermo → Gol. Él no es un jugador de fútbol, lo suyo es exclusivamente el gol. Le ponen la pelota en los pies o en la cabeza, y la coloca donde tiene que ir; casi administrativamente, por eso jamás se luce: hace lo que tiene que hacer, como si tuviera que foliar un expediente o devengar el pago de algo. Se encarga de modificar el marcador de juego y haber hecho el laburo sobre la hora nos salvo de la tempestad y condimentó la bronca que veníamos masticando. Y cuando lloró, no pudimos menos que amarlo. A mí me caen bien los que se muestran así, lo confieso. Así que el laburante Martín nos ayudó un poco con el trámite kafkiano que nos supuso estas Eliminatorias.
Pero, volviendo a la lluvia, algo quiere decir. A mí no me pregunten qué, pero algo quiere decir. Y todos nos alegramos porque Palermo, o el gol, fue entre lágrimas a abrazarse con todos y eso nos hizo sentir menos horribles. La feroz tormenta tornó 90 minutos de sufrimiento en una hora y media que, a partir del 2 a 1, se convirtió en épica y todos sentimos el revival del 86' gracias a la ecuación Diego + Perú + Venir jugando mal + Estar ahí nomás de no clasificar = ¡Ganar el campeonato del mundo!. ¿Quién no sintió la magia -o la negación de realidad, es lo mismo- en el partido? Como sea, la cosa es que ahora jugamos con Uruguay y la magia va a ser que podamos ver buen fútbol. Los yorugas van a sacarle punta a los botines para estacar su "destreza" en las rótulas argentinas y nuestra selección va a salir a buscar el empate como si fuese un lente de contacto que cayó al piso y espera quietito a ser encontrado.
El Diego consultó al oráculo y este le dijo que llegaría a su meta deslizándose. La ambigüedad délfica seguramente lo llevó a interpretar "deslizamiento" como "facilidad", aunque la lluvia tal vez haya tenido algo que ver en eso de moverse sobre una superficie. Yo sólo espero que los Messis, Verones, Aimares o quienes sean se muevan lo suficiente para que la pelota llegue a su destinatario y este haga lo que tiene que hacer, sin lujos, sin fantasía: que la meta detrás de la línea, suene un silbato y simplemente se sancione gol, sea con dudosa habilitación del delantero o con una jugada que parezca foul ofensivo. No importa. Hoy importa el hoy. Mañana ya veremos, en una de esas vuelve a llover.


Marcas

Categoría sensoperceptual y categoría específica: Publicado por Horacio Gris

La amistad entre el hombre y el google

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , , Publicado por Horacio Gris
Google termina, siempre, siendo la mejor opción en casi cualquier cosa que se proponga. Lo que se proponga será lo mejor. Puede comprar otras empresas por miles de millones de dólares y hacer que ese desembolsamiento sea un movimiento natural, un camino lógico de internet (porque termina representando la mismísima internet) sin que a nadie se le mueva un pelo en la transacción. Los pelos no se moverán pero sí las personas. Google no paraliza, al contrario, moviliza en su propia dirección. El usuario web acompaña su senda sin cuestionar nada, aunque sea una gigante bola de nieve que todo lo indexa, que todo lo apropia, que todo lo compra, que -en fin- todo lo incorpora. Engulle, engoolle todo. La inmensa katamari rodará con su horda de seguidores detrás intentando seguirle el ritmo imparable de avance; movimiento constante que va de Gmail a Blogger y de Chrome a Wave. Ay, ¿cuándo nos regalará su OS?. Un producto tras otro en un natural desenlace de mercado. Lo más lógico,  lo esperable. La forma en la que se logra esto no es complicada, dirán algunos: se lo elige porque es lo que se necesita.
La cuestión de las formas del deseo que recae sobre productos virtuales la dejo al margen porque me parece bastante más simple de lo que parece. Considero que antes del css no había necesidad de su existencia así como antes de la navegación en solapas a nadie siquiera se le ocurría fantesear con ello. O sea, nos creo moldeados al 100% en lo que necesitamos. ¿Por qué usar un servicio que te permite escribir 140 caracteres y no otro de, por ejemplo, 200 o 165? Twitter nos moldeo al microblogging y su necesidad de la misma forma en que Google nos recontra moldeó el cerebro a la web. Necesitamos internet, necesitamos lo que Google ofrece y lo que esta marca ofrece viene en una estética impecable, básica, blanca e impoluta que nos termina pareciendo nuestra propia estética o el ideal de la misma. Esa estética, con toda una filosofía de trasfondo, es clara y aparentemente transparente pero se encarga de esmerilar la verdad de la milanesa que, como se sabe, siempre está referida a lo económico. ¿Cómo es la cosa? la cosa es que google hace lo que hace y se esmera como se esmera porque es una empresa y su objetivo es, ¡ay!, lucrativo. Buscan ganar plata. Y lo hacen lo suficientemente bien como colocarse en el terreno de lo hiperrentable, lo hacen lo suficientemente bien como para que su juego no sólo no pareciera ser un negocio que implica una incontable ganancia; además, lo hacen lo suficientemente bien como para que quienes conforman su séquito de seguidores crean -realmente crean- que la dirección que tome dicha empresa es literalmente la dirección hacia donde todo debe dirigirse.
La estética misma de los anuncios Adsense dan cuenta de esto: son básicos, claros. Ni pareciera que, mediante algoritmos y a través de geolocalización vía ip, los anunciantes quisieran vendernos algo. Google nos quiso hacer olvidar de los banners intrusivos y totalmente fuera de contexto que nos hacían toparnos con casinos virtuales, tratamientos de agrandamiento peneano y chicas con webcam sin importar que estuviéramos entrando a una página para descargar la película Bambi, de Disney. ¿A quién se le ocurriría, hoy por hoy, pensar que existe otra forma de anuncios mejor que los de Adsense? Pareciera que ese es el camino y hacia allí vamos, querramos o no. Pero queremos, nadie obliga. El  slogan don't be evil también nos señala que Google es el good one. Y con el bien estamos, nadie quiere estar del lado oscuro. Así que vamos por esa senda de luz blanca, natural, y nos entregamos a ella con la alegría y los ojos cerrados del fiel que se encomienda a dios. Nos elevamos hacia el cielo 2.0 con sus delicadas nubes donde la estética amigable de todo nos invita a confiar, a creer, y donde hay certeza faltan preguntas. Nadie dará mucha importancia a las controversias en torno a la empresa, como las que señala Cassin en su libro; nadie cuestionará que desde hace años el servicio de Blogger está estancadísimo ni que Gtalk jamás tuvo ni tendrá desarrollo suficiente. Ni hablar de los infinitos proyectos, muchos de ellos truncos. Si hasta pareciera que lo que importa es el movimiento mismo, el sacar un producto tras otro y después ver qué hacer con ello. Cada lanzamiento es un peldaño que no tiene más utilidad que la de ser pisado para alcanzar el próximo. Y así sucesivamente. Pero como es el camino, sin ninguna duda, entonces vamos por él derechito. Muchos sentirán que Google en realidad está haciéndole un favor a la humanidad al sacar cada uno de sus productos, como si no obtuviera ningún tipo de beneficio a cambio y ahí está parte de la fórmula de fidelización del usuario: estamos en deuda con ellos y pagamos desde el inicio, desde la página de inicio por defecto: google.com será desde donde parta todo y así se retroalimentará siempre el fetiche de su uso.
Google, hoy por hoy, no es un buscador ni es una empresa. Es internet y va rumbo a convertirse en sinónimo también de computación y ¿por qué no? de telecomunicaciones. Habrá que ver hasta dónde puede seguir ese camino cuando caiga de forma divisoria, entre la amistad del usuario con la empresa, una cuestión disruptiva clásica: la monetaria. La cruda realidad. Cuando haya que pagar por algún servicio o por hardware puede que el efecto hipnótico del googlesapo se rompa, o nos haga buscar otras opciones, ¡o al menos nos haga preguntarnos algo!.


Alabemos todos al gran hipnosapo

Goce y deseo, culturizados

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , Publicado por Horacio Gris
En los derroteros de la clínica, el nivel fonético y significante de dicha palabra nos anclará en una derrota cuando, ante posibles opciones, el analista elija intentar esclarecer lo claro: donde hay deseo puro verá síntoma y donde hay goce verá deseo. Por el motivo que sea, puliendo lo pulido, éste coloca su atención sobre la mujer adúltera que dice «no puedo tener un [sólo] hombre» e intenta encaminarla sobre un [sólo] objeto de deseo, ubicándola -erróneamente- en las antípodas de otra con una «vida ordenada» (que en realidad vive gozosa el sometimiento a un desdichado pero fiel matrimonio).
Donde la cultura sanciona una desviación, se creerá ver un goce. Donde la cultura dé el visto bueno, se leerá torpemente deseo. Ambos supuestos no son necesariamente verdaderos. Tampoco sus contrarios.

Identidad futbolística y 6 a 1

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , , , Publicado por Horacio Gris
1.
Si bien me descargué antes, ahora estoy enojado. Lo que escribí sobre nuestras fracasadas victorias no sale de un repollo. No mi escrito, hablo de esas victorias a medias. La dependencia de un Goliat para Ser habla de una estrecha unión con ese otro que se combate. Ahora que nos toca perder perdiendo con Paraguay, sin vueltas, sin interpretaciones y sin nada, nos encontramos de lleno con el vacío de uno mismo, con el horror, la culpa que recae sobre nosotros: perdemos porque estamos jugando mal y punto. De todas maneras, la culpa se reconocerá entera pero la furia que estalla tras estas derrotas nos tiende un puente para adentrarnos en la explicación del quantum de enojo, de ese ENORME enojo que invade al buen hincha de Argentina.

2.
Ar-gen-tina, Ar-gen-tina, arengan desde Nuñez o Rosario, haciendo prescindible cualquier otra palabra. Las sílabas resuenas, y rezuman -eso pretenden- la identidad nacional. Adecuémonos al medio, seamos superficiales e inespecíficos pero sintéticos: La identidad nacional de Argentina es bastante más compleja de definir que la de, por ejemplo, Brasil pero lo es menos que la de Bolivia. Básicamente, y esto cualquier sociólogo lo sabe mucho mejor que yo, lo complicado del asunto nace de distintas versiones en puja que buscan apropiarse y ser reconocidas como La Identidad, el Ser Nacional. No se trata [sólo] de sectores en lucha por un modelo. En todo caso se tratará desde dónde estos sectores hablan para intentar ser reconocidos, parados en qué representación social. El trabajo, la segmentación, sus formas, sus actores, los conflictos y cualquier indicio de quiebre buscará tener una buena forma hacia el afuera. La costura de esta bolsa [de gatos] territorial será la Identidad Nacional. Algo a lo que apelar para legitimarse, el argumento último que esgrimir para no quedar en offside ante el otro en el juego por el pan y por la torta. Ejemplo: en el conflicto del gobierno con "el campo", el discurso de De Angelis, la tarde del 17 de julio del 2008, hablaba de los abuelos que vinieron de Europa a trabajar la tierra. Ahí está claro desde dónde habla y a qué apela para unificar al auditorio anti-K. Ellos son ar-gen-tinos, en su cuentito son los descendientes de esos fundadores de Ar-gen-tina y por eso deben ser apoyados por otros ar-gen-tinos.

3.
Hablar de la identidad argentina es complicadísimo, principalmente porque cuento con la desventaja de haber nacido Buenos Aires y tener arraigada la visión porteñocéntrica. O no, tal vez esa es una virtud porque me ayuda a ponerme en contacto con distintas representaciones sociales que, por la negativa, me hablan del Ser Nacional. ¿A qué me refiero? en definitiva, al racismo y la xenofobia. Cuando un facho habla del bolita y del paragua, en realidad de lo que primero habla es de sí. De lo que es él (de lo que no) y desde dónde me habla. Alguien que dice "ese es un negro de mierda" está diciendo que él mismo no es eso que exalta en el otro. Y así, siempre por la negativa, algún dato vamos sacando y vamos construyendo el rompecabezas identitario del facho medio.
Quedé sorprendidísimo cuando, gracias a que el msn es un cúmulo de contactos mas que de personas, me conecté y vi 3 nicks que repudiaban el desempeño de Maradona como DT y lo insultaban diciéndole negro de mierda. Eso ya volvió surrealista el asunto porque hasta el día anterior a su asunción como Director Técnico el diego era héroe nacional. O sea, nacional, o sea no-negro, no-algún-adjetivo-peyorativo. Pero bueno, todos se acuerdan de que Diegote es -su esencia- villero cuando le va mal. Pero había algo más ahí. Por desplazamiento, al ser un "negro de mierda" se lo pone en la línea que esos contactos del messenger colocan a los bolivianos, peruanos y paraguayos; la línea de lo que no-somos, lo no-argentino.

4.
Bueno, así me voy acercando al núcleo duro del enojo. A esta gente le enerva que un villero, un "negro de mierda", esté al frente del Seleccionado Nacional (que, por definición, es el Seleccionado de No-negros, no villeros) y, encíiima, nos haga perder contra otros "negros de mierda". Su negrura de mierda se pone en evidencia cuando el mito del uber-argento se cae, cuando el espejo narcisístico que devolvía la bella imagen de una selección poderosa se rompe de un pelotazo guaraní. Y bueno, el espejo narcisístico, lamento informar, devuelve una imagen deportiva que es igualmente identitaria. Si el espejo se rompe, la herida va a llegar a alguna capa de la identidad nacional. Y va a sangrar. Sangran los que consideran a Maradona un negro de mierda, tal vez los mismos que lo consideran un símbolo nacional, y corren a sacar los cristales clavados y a aplicar un torniquete en la herida. Al ejercer presión sobre el corte buscan cerrar sobre sí la sangrante identidad y este acto se ejerce con la violencia de la urgencia: Maradona antes que buen jugador, que Director Técnico, que -en fin- argentino, es fioritense; y por eso queda del lado de afuera. En el mismo afuera que el resto de los latinoamericanos. La violencia está en lo explícito y en la celeridad del torniquete las definiciones son binarias y precisas: los villeros no son argentinos, los descendientes de algún pueblo originario tampoco lo son. En esta urgencia todo lo no-idealmente-europeo pasa a ser no-argentino.

5.
Tal vez el gorilismo exacerbado de los últimos años, que es una versión intraterritorial de la xenofobia y el racismo, me hizo más sensible a estas cuestiones. Pero la verdad que disfruto plenamente cuando toda la manga de fachos triunfalistas trinan cuando perdemos con nuestros, ejemm, hermanos latinoamericanos. Dicho sea de paso: Paraguay hace años que viene consolidándose, a nivel fútbol, como una potencia en potencia. Ojo con ellos en unos años.

6 (a 1).
Bajarse del tren en Liniers es bajarse en otro mundo. Meterse en el barrio boliviano e investigar es algo que deberían hacer todos los porteños aventureros que pese a eso no se animan a cruzar la General Paz. Pueden ir con brújulas y cantimploras, o no. Poco importa. Lo que importa es ver los los productos que venden y todo el mercado que hay. Hay frutas, verduras y condimentos pero hay cosas mucho más interesantes. Miles, millones de cds y dvds de grupos de música boliviana. Infinitos. El mercado coya-multimedial es extensísimo y no es sólo de música. Entre todas esas cajitas de dvd y fotocopias de colores encontré un producto que me hizo poner muy muy muy contento. En un puestito en la calle, en esa calle donde van a comprar todos los que día a día son víctimas del racismo y la xenofobia por parte de los mismos que le dedican nicks a Maradona, venden un dvd con la grabación del glorioso 6 a 1 boliviano. La verdad que me alegró mucho encontrarlo. Ideal para poner en la tele (si es que se tiene) después de pasarse el día rompiéndose el culo en esta ciudad llena de hinchas de la selección nacional argentina europeísta de fútbol y la puta que los parió a todos juntos. Qué lindo ese dedo metido seis veces en lo más recóndito del ser nacional. De ese ser nacional que vino mal embalado en un barco desde Europa y llegó con algunas contusiones.
Si uno le quita todo el envoltorio al paquete argentino, lo abre y se pone a inspeccionar el estado de las fantasías inconscientes nacionales pronto descubre que hay algo que ejerce presión de forma constante en cada partido de la selección: la identidad futbolística es el último escondite de la fantasía de ser europeos, de ser distintos a los de más allá de nuestras fronteras limítrofes. Esa idea incluso a veces presiona de forma aguda y ahí es cuando el argentino estalla con frases como «¡somos los mejores del mundo!» y se cree el superlativo del europeo, del ser humano, del terrícola y se le suelta el barrilete cósmico y se va a la mierda schreberiana. Y mientras más alto vuela, más fuerte cae y más le duele.
Eso. Ah! y nadie entiende más de esto que Capusotto. Eso es todo, cambio y fuera.

Identidad futbolística y fracaso

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , , Publicado por Horacio Gris
1.
Hace bastante que quiero despacharme con esto. Desde el vamos vale aclarar que no saber de fútbol en los términos comúnmente entendido por quienes memorizan estadísticas, formaciones históricas y fechas no me inhabilita para poder decir abiertamente mi verdad. Así que, como verdad subjetiva, lo que yo diga es irrebatible. Caeré en una cruda postura antipopular y todo tendrá un halo derrotista que poco me importará disimular ya que no pretendo escaparme de lo que criticaré.
La cosa es básicamente así: desde que tengo memoria sé que a nivel futbolístico Brasil es Brasil y por ende es un contrincante a temer. No un contrincante a respetar: un contrincante a temer, porque si los enfrentás con todo su axé cargado, te meten 5 a puro jogo bonito. Cuando están a pleno son uma beleza, pura samba. Entonces cuando nos toca ganarles -porque "nos toca", como cuando en el truco se reparten las cartas y "te toca" una buena mano-, el sentimiento presente es el de venganza, la saña frente a quien siempre se comporta injustamente (por ser tan diestro) y nos hace padecer la "injusticia" de sacar goles de la galera, como hizo con toda simpleza Elano cuando contestó el primer y único tanto argentino con ese tercer gol brasilero. Una respuesta al festejado gol argentino, sin veganza, una respuesta automática que buscó volver a poner todo en su orden natural.

2.
Acá hay una cuestión que pasa por el Ser, por la esencia. Cuando en el 2006 Brasil quedó afuera del mundial frente a Francia y tuvo un período no tan brillante, a nadie se le ocurrió pensar que Brasil era -como una cualidad que le fuera propia- un mal equipo. Todo el mundo acordó en que simplemente no estaba pasando por un buen momento, porque la selección brasilera es otra cosa distinta a lo que reflejaban los resultados. Con Argentina, en cambio, la sensación es que independientemente de los resultados somos un equipo guerrero que suele ganar pero de vez en cuando no. Algo sencillo, humilde. Ser guerreros, dar batalla, no implica sólo poner huevos -en dialecto futbolístico- sino que además implica un plus de sufrimiento que está siempre presente y se refiere, de forma implícita, a una asimetría en donde nuestra querida selección albiceleste SIEMPRE quedará por debajo. Es lógico: para poner huevos la cosa tiene que estar lo suficientemente jodida como para que sea necesario dar lo mejor de sí. El resultado puede ser favorable para nosotros, de hecho eso es lo que se espera, pero la asimetría en contra tiene que estar siempre. El elemento que nos pesará en contra siempre es una "injusticia": o el referí está comprado y/o arbitra favoreciendo al contrario, o cobardemente nos lesionan al jugador estrella, o la pelota que no dobla, o algo similar que casi siempre tendrá que ver con esto de la justicia/injusticia y con quien sea juez dentro de la cancha. Las conspiraciones siempre están del lado del más fuerte y nosotros, los débiles pero con garra, intentaremos salir victoriosos. Siempre somos David y en la otra mitad de la cancha estará Goliat.

3.
Hubo un David futbolístico, a partir de él es que fuimos armándonos todos. Un verdadero David: David Armando Maradona. Conocido también como Diego, Diegote. Sí, ese mismo. El corchito de Fiorito que a los poderosos reta y ataca a los más villanos sin más armas en la mano que un diez en la camiseta, como cantan Los Piojos. Tuvo, tuvimos y tenemos muchos enemigos. Los Goliat fueron los Havelanges, los ingleses, ahora los Blatters y el perrito mascota del mundial del 94, cerbero encargado de custodiar las puertas del inframundo de la FIFA. El Diego lo reconoció tras la máscara de enfermera rubia que, tomándolo con su delicado brazo pero clavando sus dientes de antidoping, lo puso afuera de la copa del mundo. Toda la historia del Diego tiene esa mística de David y en su figura podremos siempre ampararnos para decir que, pese a todo, somos uno de los mejores equipos del mundo; que esa es nuestra verdadera esencia. Nuestra esencia futbolistica se basa en ese cuentito de Dieguín y Goliat. El paroxismo de esta identidad que es heroica, maradoniana y sufriente a la vez, es el fantasear el resultado de una final de un Mundial contra Brasil (o, en menor escala, Inglaterra, Alemania, Italia, etc): siempre es un 2 a 1 argentino sobre la hora, con abrazo y llanto de todos los davidcitos. Hablo de Brasil y Maradona porque en un punto estos se conectan. Diego tiene un hermano mayor que se dejó llevar, como Anakin, por el lado oscuro. Ese hermano es Pelé y todos sus logros se verán siempre opacados por su apoyo al status quo futbolístico, aunque nunca entendamos muy bien -me incluyo- qué quiere decir eso. Con esta adjudicación de maldad es imposible que alguien le quite el puesto de número uno a nuestro 10. Maradona no, nunca se vendió, aunque tampoco sepamos muy bien qué quiere decir eso.

4.
La historieta del débil venciendo al despiadado poderoso es muy linda pero encierra una durísima verdad identitaria: para que exista un David, para que sea quien es, es necesario que exista un Goliat. Sin Goliat, David no es valiente, ni heroico, ni nada. Esa es la semilla de la tragedia: para que Argentina sea futbolísticamente Argentina tenemos que sufrir siempre porque nuestro goce pasa por ese lado. Basta mirar cómo juega la selección: para tener chances de ganar un partido siempre tenemos que empezar haciendo gol nosotros, así en el segundo tiempo tiramos todo el equipo atrás y nos cagan a pelotazos hasta que suena el puto silbato que, como el referí está comprado, tardará años en sonar. Necesitamos terminar sufriendo porque en la anatomía futbolística argentina los testículos siempre están en la faringe, está en nuestros genes que así sea.

5.
¡Que ahora vengan a echarle la culpa a Maradona por los resultados de Argentina es totalmente canalla! El gordo está haciendo lo que siempre hizo: estar en boca de todos, sea por algo bueno o por algo malo. Maradona es Director Técnico de la misma forma en que, si se lo propusieran, sería Ministro de Economía. Él es un mito en onda siempre expansiva y pretenderá destacarse en lo que sea, lo que agarre buscará hacerlo propio. Maradona no es un jugador de fútbol, Maradona es Maradona. Que alguien acuse al Diego de soberbio cuando él es la piedra fundante de la identidad futbolística es inadmisible ¡Siempre se lo obligo a que él sea sinónimo de fútbol argentino!, ¿cómo culparlo por creerse una institución? Mi Comandante en Jefe Diego Armando Maradona puede hacer lo que se le ocurra porque él es dador de sentido. Si dice que en la selección no vale ningún jugador salvo uno o dos, está muy bien. Si dice -porque lo dijo- que Messi juega para sí mismo, también es acertado. También puede amar a Riquelme y pelearse con él porque no resulta contradictorio. Esas son todas cosas accesorias que no hacen a la esencia, a lo importante. El Diego puede decir lo que quiera de la misma manera que en un mito el héroe tuvo un hijo o una hija, o mata cinco enemigos o mil, y por el mismo motivo cerbero puede tener tres cabezas o una cabeza de enfermera yanqui. Y por eso mismo Maradona, con sus tatuajes del Che y de Fidel, puede repudiar el imperialismo yanqui pero festejar al lado del turco en los noventa. Como diría Minguito Tinguitela: se igual. Acá lo que importa es la forma, no el contenido, y hablar de la forma es hablar de la función. La esencia del bueno y heroico débil es lo que posibilita que cualquier resultado en el marcador esté justificado. No llegar a octavos de final en el 2002 con actuaciones tristes frente a Nigeria e Inglaterra jamás hará que nadie se pregunte si algo andaba mal (hasta que Suecia nos liquidó, a nadie se le ocurrió pensar que ese desenlace era bastante esperable) sino que servirá para armar otros enemigos. En el caso del Mundial en Corea-Japón, el monstruo fue denominado "El grupo de la muerte". Listo, podemos quedar afuera tranquilos porque fuimos heroicos frente a este trágico destino que nos tocó por azar -¿por azar? mmm...la FIFA no nos quiere- y nada tuvo que ver que Bielsa se manejara con los cambios como si jugara al Winning Eleven.

6.
Si llegamos al mundial 2010 y quedamos afuera en octavos con -por ejemplo- Holanda, ya podremos dormir tranquilos con nuestro gastado peluche de David. Pero si no llegáramos a clasificar, dios mío, ¿a quién le echaremos la culpa?, ¿al diego? eso sería imposible porque Maradona es Maradona y eso nos mete en un terrible quilombo porque no sabremos bien a quién echarle la culpa. Él es nosotros. 

7.
El goce de David frente a Goliat, como goce, está muy lindo. El tema está en que condiciona bastante. Todos los festejos son festejos que no dejan de tener cierto sabor amargo por la mala sangre de noventa sufridísimos minutos. 
Si hablé de Brasil fue porque Brasil, para ser lo que es, no necesita de ningún Goliat. La selección verdeamarela sale a la cancha, disfruta del juego y con toda naturalidad gambetea, demuestra destreza y mete muchos goles. El disfrute está en la naturalidad, en la libertad con que se permiten meter la cantidad de goles que quieran y armar el juego de la manera que sea. Si yo estuviera al frente de ese equipo en lugar de Dunga, mi única indicación sería "bueno, muchachos, salgan a la cancha a divertirse". Porque eso mismo es lo que hacen ellos y lo hacen muy bien. Nosotros, en cambio, parecemos salidos de las inferiores de un equipo del Vaticano con Benedicto XVI como DT. Somos los buenos, los sufrientes buenos, y por ello muy medidos. El balance será casi siempre positivo. Frugal pero positivo y jamás estaremos exentos de la culpa porque somos, como diría Freud, los que fracasan al triunfar. Habrá que encontrarle la vuelta identitaria para ser los que triunfan triunfando.

Mcdonalización invertida y menemismo

Categoría sensoperceptual y categoría específica: , , Publicado por Horacio Gris
Las grandes cadenas. Sobre los starbucks, algo ya se había dicho. Ese "algo" remite a los 90'. Los noventa remiten a la precarización laboral. La precarización laboral habla indefectiblemente de alienación, y Mc Donalds hizo de lo alienante una estética. Lo que podríamos denominar mcdonalización, entonces, es el proceso en el que se estiliza esa lobotomía laboral a partir de una cultura interna (identificable en los uniformes estúpidos, en los stickers de colores sobre los distintivos, en las fotos de empleado del mes, en gorros y pines) que evite que el veinteañero con granos se sienta miserable, y que hasta pretende hacerlo sentir afortunado.
Estando adentro de un starbucks haciendo la cola, pude observar que había pizarras con textos como «La bebida preferida de nuestra clienta Agustina es el frappé de dulce de leche». Y al momento de pagar, vi que prestaban lapiceras con adornos brillantes y pompones para firmar los tickets de la tarjeta de crédito. Mcdonalización invertida -pensé en el acto-, el consumo como cosa en sí, su lugar social, el lugar del consumidor. Y pensé en los 90. Pero recordé más esa década cuando vi el detalle de mcdonalización invertida con el que coronaron mi visita. Al pagar, preguntaron mi nombre. Y al ver mi vaso, entendí. «Brutos pero felices», eso dice la carita contenta sobre el telgopor térmico, debajo del error ortográfico. Mcdonalización invertida y menemismo, eso es.